CerARTmic 2026: de esos lodos, estos barros
- Javier Díaz-Guardiola

- 15 abr
- 4 Min. de lectura
Por Javier Díaz-Guardiola
Hay algo atávico en la cerámica, hasta el punto de que, sin ser muy conscientes de ello, esta disciplina nos ha acompañado siempre. Sin ir más lejos (o sí: remontándonos muy lejos), y si nos atenemos a lo dispuesto por algunas de las principales religiones, no es que hayamos estado vinculados a la cerámica desde los umbrales de la Humanidad: es que hemos sido conformados gracias a ella.
Me voy a poner un pelín místico, pero les recuerdo que es en el 'Génesis', el libro de arranque de ese gran best-seller hollywoodiense que es La Biblia, donde se nos indica que el primer hombre, Adán, fue creado por Dios a partir del polvo y el barro de la tierra. Luego este no tuvo más que insuflarle el alma al depositar su aliento sobre su rostro. Pero no es solo la tradición judeo-cristiana la que se sirve de esta metáfora. Siglos antes, la mitología griega ya había dispuesto que Prometeo creó a los humanos a partir de este material (gracias al cual miramos hacia arriba), mientras que en la 'Epopeya de Gilgamesh' de la tradición mesopotámica nuestros antepasados habrían experimentado un origen similar gracias al paso dado con Enkidu. Incluso en la milenaria china, la diosa Nüwa se habría encargado de modelarnos uno a uno con arcilla amarilla (¡ojito al color!). Por muy ser divino que fuera, llegó un momento en el que se cansó y para acelerar el proceso usaría una cuerda sumergida en este material que luego agitaría haciendo que cada gota diera lugar a un nuevo individuo. De esta manera, esta cultura explicaba también de un plumazo la diferencia entre las clases sociales marcando la diferencia entre “los creados a mano” y los que fueron resultado de la fabricación industrial. Riétete tú del turbocapitalismo actual...
El caso es que del polvo venimos y en polvo nos convertiremos, y, mientras tanto, del polvo, llamémosle barro, disfrutamos. Este nos acompaña de forma evidente desde el Neolítico, cuando nos hacemos sedentarios y es necesario almacenar agua y alimentos, mezclarlos y cocinarlos. Nuestros museos de Historia están llenos de estos vestigios que quizás no nos han llegado con la abundancia que correspondería debido a la fragilidad del material, pero que comparten vitrinas con los realizados en piedra o metal. ¿Y qué materiales son los que darán pie al desarrollo de la escultura cuando esta se independiza de la arquitectura? Todo está conectado...
Tiremos del hilo: 'Guerreros' chinos de Xian; la cerámica griega de figuras rojas y negras; porcelana de la dinastía Ming; azulejería de La Alhambra; relieves en terracota vidriada de la familia Della Robbia; el trencadís de Gaudí y hasta las experimentaciones de Pablo Picasso o Miró, por barrer (el polvo) para casa. A lo largo de la Historia, llega un momento en el que lo utilitario es mirado con ojos estéticos y la tradición deviene inspiración y propuestas que exceden lo práctico.
¿Iban a ser los creadores contemporáneos ajenos a esta tendencia? Ni mucho menos. Y una vez que empieza a difuminarse esa línea que distinguía artesanía u artes decorativas de artes mayores, y se produce, en una época tan acelerada como la nuestra, una nueva apuesta por lo auténtico, por lo genuino y distinto frente a lo industrializado y fabricado en masa, es hasta lógico que se pose de nuevo la atención en la cerámica. Es la recuperación de saberes del pasado frente a la estandarización de las formas y los procesos. Una manera de proceder que incluso incluye el accidente o la imperfección en una sociedad cada vez más concienciada con el diferente, con el otro.
Y faltarán dos ingredientes también definitorios e igual de importantes para que se provoque la tormenta perfecta (de barro y arcilla): de un lado, una mirada feminista que recupera a la mujer y que no infravalora (al contrario, busca una mirada más afectiva en sus procederes) lo que siempre le fue asignado o a lo que fue relegada (y por eso la recuperación del textil será paralela). El segundo, la validación del mercado, ávido en todo momento de novedades, aunque estas tengan siglos de historia. Sin duda, que se le conceda el premio Turner a Grayson Perry en 2004 trabajando esta disciplina logrará que nuestras mentes (y las de galeristas y programadores de museos) empiecen a coger wifi en otras frecuencias.
Comenzará por todo esto el chorreón de publicaciones ('Vitamin C' de Phaidon), citas que lo reivindiquen (de 'Objects: USA' de Lee Nordess en 1969 a 'Strange Clay' en la Hayward Gallery de Londres hace apenas cuatro años) y bienales con ediciones 'clay friendly' (como Venecia o Kassel). Ya tenemos hasta un premio (el Loewe Craft Prize) y ferias, como esta CerARTmic que nada tiene que envidiarle a su hermana coetánea nacida a la par en Bruselas. Mientras, Ai Weiwei se fotografiaba destrozando vasijas milenarias para llamar nuestra atención sobre la poca que le prestamos nosotros al saber y a la experiencia...
Por estos pagos, donde hemos tenido focos artesanales históricos como Talavera o Manises, no han faltado padrinos (y madrinas). Los ya mencionados y otros grandes como Chillida (serie “Lurrak” o “tierras” en castellano), Tàpies o Barceló, hasta los media carrera (Miki Leal, Fernando Renes, Antonio Ballester Moreno...) o los más jóvenes (Paloma de la Cruz, Marina González Guerreiro, Aitor Saraiba, Little...) que usan el barro como un material más, de forma desprejuiciada y toda la carga conceptual que conecta con su imaginario. De todo eso y mucho más seguro que encuentran ejemplos en esta edición de CerARTmic que ya se consolida como cita ineludible de la disciplina y que apoyan galerías de renombre, nacionales e internacionales, que le dan solvencia. Bajen pues sin miedo al barro y ayúdennos a completar la lista. Porque ya se sabe: de esos lodos...
Guadalajara, abril de 2026




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